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Tomado de Elespectador.com Britta Holzel, neurocientífica, está interesada en entender cómo la experiencia religiosa puede cambiar la forma en que nos autopercibimos. Ha experimentado con la técnica de meditación: Mindfulness.
Antes de aceptar argumentos esotéricos y trascendentales, simplemente quería entender de qué manera se transforman las estructuras cerebrales cuando una persona dedica entre 20 y 45 minutos al día a realizar ejercicios sencillos de respiración y de conciencia. Las técnicas de meditación como ésta han sido poco a poco incorporadas a procedimientos psicoterapéuticos en Estados Unidos y Europa. Diversos estudios han demostrado sus beneficios entre pacientes con desordenes de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, así como dolor crónico. Pero más allá de ese registro de beneficios es poco lo que se sabe sobre los mecanismos que subyacen a tales cambios. Junto con un equipo de colegas del Hospital General de Massachusetts y el Bender Institute of Neuroimaging de la Universidad Giessen de Alemania, convocó a un grupo de 17 personas dispuestas a ensayar un programa de meditación durante ocho semanas. Antes y después del proceso se escanearon sus cerebros usando un equipo de resonancia magnética. Los resultados los publicó la semana pasada en la revista Psychiatry Research Neuroimaging. “Muchos estudios han demostrado que la meditación puede impactar la salud, la calidad de vida y reducir el nivel de estrés —explicó Holzel desde Boston—, pero nos interesaba conocer cuáles cambios puntuales se observan en el cerebro”. Si bien se trató de una prueba muy corta, tan sólo ocho semanas de meditación, los investigadores quedaron sorprendidos con los resultados. “Aquellos que practicaron la meditación aumentaban la materia gris (concentración de neuronas) en algunas partes del cerebro”, concluyó Holzel. Uno de los puntos donde se observó este incremento de materia gris fue en el hipocampo, una pequeña estructura en la base del cerebro y que por su forma similar a la de un caballito de mar o hipocampo fue bautizado con ese nombre por el anatomista del siglo XVI Giulio Cesare Aranzio. Según Holzel, sus hallazgos ratifican las sospechas que ya se tenían sobre este organelo y su papel central en los beneficios de la meditación. El hipocampo es un importante regulador de las respuestas emocionales y es conocido por su habilidad para remodelar sinapsis (conexiones entre neuronas). Todo indica que al fortalecerse permite un mejor control del estrés emocional y por lo tanto de sus graves consecuencias para la salud. En condiciones como la depresión y el síndrome de estrés postraumático se ha documentado una reducción en la densidad de neuronas en esta área. Holzel dice que ahora que algunas estructuras cerebrales han sido identificadas el paso siguiente es comenzar a relacionar estos cambios con los comportamientos que las personas experimentan al meditar. Pero Holzel quiere ir un poco más allá en su investigación. “Lo que realmente me interesa es entender cómo la experiencia religiosa puede cambiar la forma en que nos autopercibimos”. Para la neurocientífica resultan inquietantes los cambios que operan en el cerebro al comenzar a percibirse en conexión con los demás e incluso con la idea de una entidad superior como Dios. Esa tarea, sin duda, le tomará mucho más tiempo. |
The Blue Leaf
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